Pedro Valenzuela reivindica una enseñanza de la lectura respetuosa con los ritmos de la infancia

Durante la presentación de "Enséñame a leer", defendió una forma de aprender a leer sin prisas ni imposiciones

La presentación del libro Enséñame a leer en la librería Faro de Totana se convirtió en algo más que un acto literario. Fue una profunda reflexión sobre la infancia, la educación y la necesidad urgente de repensar cómo se acompaña el aprendizaje de la lectoescritura. En un ambiente cercano y comprometido, Pedro Valenzuela y Ana Cubero, fundadora del centro Alma Montessori, expusieron los fundamentos de una propuesta pedagógica que apuesta por respetar los ritmos biológicos y emocionales del niño, alejándose de la prisa y de las exigencias impuestas por el sistema educativo actual.

Pedro Valenzuela: de la ilusión inicial al respaldo de la ciencia

La presentación comenzó con la intervención de Pedro Valenzuela, quien recordó que el proyecto de Alma Montessori nació en 2016 con apenas tres familias y tres niños, y que hoy acompaña a más de 80 familias, abarcando todas las etapas educativas hasta los 12 años. Valenzuela explicó que optar por un modelo educativo diferente conlleva, casi de forma inmediata, el juicio y el miedo por parte del entorno social.

Ante esa presión, el equipo decidió asumir una gran responsabilidad: sostener su práctica educativa sobre la evidencia científica. Para ello, se apoyaron en la neurociencia y en la psicología del desarrollo, disciplinas que explican cómo aprende realmente el cerebro lector del niño. El autor subrayó que aprender a leer y a escribir no depende de una edad concreta, sino de un proceso de maduración cerebral que es distinto en cada niño.

Desde esta premisa nace Enséñame a leer, concebido como una herramienta para calmar las ansiedades de familias y docentes. Valenzuela advirtió de que forzar la lectoescritura antes de tiempo puede provocar un rechazo irreversible hacia la lectura y la escritura, y fue contundente al señalar que la prisa por obtener resultados académicos es el caldo de cultivo perfecto para futuros problemas de comprensión lectora y para el aumento de falsos diagnósticos de dislexia.

El testimonio de Ana: el origen emocional del proyecto

A continuación tomó la palabra Ana Cubero, quien compartió la experiencia personal que dio origen tanto al centro educativo como al trabajo que hoy se plasma en el libro. Relató cómo su hijo mayor, con 4 y 5 años en el sistema tradicional, comenzó a sufrir problemas de ansiedad reales debido a unas exigencias de lectoescritura que no se correspondían con su nivel de madurez.

Con emoción, recordó cómo su hijo llegó a odiar los lápices y los libros. En las fichas de grafomotricidad, el niño tenía que sujetarse una mano con la otra para poder seguir los puntos, ya que su musculatura no estaba desarrollada y la mano le temblaba por el esfuerzo. “Sentía que le estaba obligando a hacer algo para lo que no estaba preparado”, confesó, comparando la situación con pedirle a un bebé de ocho meses que se ponga a caminar.

Esta vivencia fue el detonante para iniciar, junto a Pedro Valenzuela, un auténtico “laboratorio pedagógico” durante los últimos nueve años, con un objetivo claro: lograr que aprender a leer y a escribir sea un proceso apasionante, y no una experiencia asociada al sufrimiento o a la frustración.

Educultores y ritmos naturales: aprender como crecen las plantas

Tras las intervenciones iniciales, ambos dialogaron sobre los pilares del método que se expone en el libro. Introdujeron el concepto de “educultor”, un paralelismo entre el educador y el agricultor. Valenzuela explicó que, del mismo modo que no se recolectan tomates verdes y se espera a que maduren, en la escuela no debería penalizarse a un niño con una calificación negativa simplemente porque su ritmo de desarrollo no coincide con una fecha de examen arbitraria.

Durante la charla, desgranaron la importancia de la conciencia fonológica como base del aprendizaje lector. Criticaron que se siga enseñando el nombre de las letras en lugar de su sonido, algo que dificulta que el niño pueda decodificar palabras de forma natural. Expusieron ejemplos sencillos para demostrar cómo el cerebro procesa los fonemas y por qué resulta más lógico partir del sonido antes que de la grafía.

Asimismo, mostraron materiales propios del método Montessori, como las letras de lija, que implican varios sentidos en el aprendizaje, y el alfabeto móvil, que permite a los niños “escribir” palabras antes de tener la destreza física necesaria para manejar un lápiz.

Pedro Valenzuela recordó la ley próximo-distal, que explica que el desarrollo motor se produce desde el centro del cuerpo hacia las extremidades, siendo la pinza del lápiz uno de los últimos hitos en consolidarse, generalmente entre los 7 y los 8 años. Exigir una escritura correcta a los 5 años, afirmó, es una auténtica tortura desde el punto de vista biológico.

La dimensión emocional: aprender sin bloqueos ni miedo

En el turno de preguntas, surgió la preocupación por niños de 7 u 8 años que ya presentan rechazo hacia la lectura y el lenguaje. Ambos coincidieron en que, antes de cualquier intervención pedagógica, es imprescindible atender lo que denominaron la “pelota emocional”. Cuando un niño siente que no es válido o que siempre falla, su cerebro se bloquea y no se producen conexiones de aprendizaje. En esos casos, la prioridad debe ser detener la presión, cuidar la parte emocional y devolverle la confianza.

Pedro Valenzuela cerró el encuentro con un mensaje de esperanza y reconocimiento al profesorado vocacional que, incluso dentro del sistema tradicional, intenta crear espacios de respeto y cuidado en sus aulas. Recordó que los cambios estructurales son lentos, pero inevitables, y auguró que, del mismo modo que hoy resulta impensable fumar en una clase, dentro de unos años la evidencia científica será tan abrumadora que nadie se atreverá a obligar a un niño de 4 años a aprender a leer.

El acto concluyó con la sensación compartida de que, aunque la rueda de la historia avance despacio, el cambio hacia una educación más humana, respetuosa y consciente ya está en marcha.

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