Totana ya huele a incienso y azahar: Isabel Marín proclama una Semana Santa de fe viva, compromiso y esperanza

La Iglesia de Santiago el Mayor de Totana acogió el solemne acto del Pregón de la Semana Santa 2026, un evento que marca simbólicamente el inicio de los días grandes para los cofrades totaneros. En un ambiente cargado de emoción, recogimiento y devoción, la comunidad nazarena se ha reunido para escuchar un anuncio que este año ha destacado por su profundidad catequética, su intensidad espiritual y una clara llamada al compromiso cristiano.

Adela Arnao: una presentación desde el corazón cofrade

Adela Arnao, presidenta del Ilustre Cabildo Superior de Procesiones, dio la bienvenida a autoridades, cofrades y fieles, subrayando que en Totana “ya se presiente la Semana Santa” como una sucesión de “color, música y devoción” que transforma la ciudad.

La presidenta presentó a la pregonera, Isabel Marín, como una mujer “convencida de su fe”, profundamente vinculada a la vida cofrade y comprometida con hermandades como "La Posá", la Oración en el Huerto, Nuestra Señora de la Caridad y Nuestra Señora de la Fe. Destacó especialmente su vivencia del Jueves Santo, con una profunda conexión espiritual con el misterio de la Oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, recordando que incluso en los momentos más oscuros “podemos encontrar luz a través de la oración”.

Un pregón que proclama con fuerza: “Dios está vivo”

Desde el inicio de su intervención, Isabel marcó el tono de su pregón con una afirmación rotunda: “Pregonar la Semana Santa es gritar a los cuatro vientos: Dios está vivo”.

A partir de ahí, desarrolló un discurso profundamente teológico y catequético, en el que defendió que la Resurrección es el pilar fundamental de la fe cristiana, recordando las palabras de San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”. Para la pregonera, sin ese hecho central, la Semana Santa perdería todo su sentido.

Un recorrido espiritual por la Pasión, con mirada interior

Lejos de limitarse a una descripción de las procesiones, Isabel construyó un recorrido espiritual por los principales momentos de la Semana Santa, intercalando escenas evangélicas con reflexiones dirigidas a la vida cotidiana de los creyentes.

Domingo de Ramos: la alegría que anticipa el sacrificio

Totana “se viste de fiesta” con palmas y olivos, evocando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, pero recordando que esa alegría contiene ya el anuncio de la entrega.

Jueves Santo: el corazón del mensaje cristiano

Uno de los ejes centrales del pregón fue el Jueves Santo, donde la pregonera profundizó en:

  • El lavatorio de los pies, como ejemplo de servicio y humildad

  • La institución de la Eucaristía, como entrega permanente de Cristo

  • La oración en Getsemaní, donde Jesús muestra su humanidad y su obediencia a la voluntad del Padre

En este punto, Isabel lanzó una reflexión directa: muchas veces, dijo, “nos tapamos los ojos” ante las necesidades de los demás, denunciando la indiferencia social y llamando a vivir una fe activa y comprometida.

La traición, el miedo y la debilidad humana

El pregón también abordó episodios como la traición de Judas o la negación de Pedro, presentándolos como un espejo de las debilidades humanas: la ambición, el miedo o la falta de coherencia. Una llamada clara a la autocrítica y a la conversión personal.

El juicio y la cruz: entre la legalidad y la justicia

En su recorrido por la Pasión, Isabel reflexionó sobre el juicio a Jesús, subrayando cómo fue legal pero no justo, estableciendo un paralelismo con la sociedad actual y cuestionando la pasividad ante la injusticia.

El camino al Calvario: cargar con la cruz

La pregonera vinculó el sufrimiento de Cristo con las dificultades cotidianas de las personas, recordando que todos cargan con sus propias cruces, pero que no están solos en ese camino.

Viernes Santo: silencio, muerte y entrega

El momento de la crucifixión fue presentado como la máxima expresión del amor, con un Cristo que entrega su vida y mantiene su corazón abierto como refugio ante el dolor humano.

Un mensaje directo: fe, compromiso y coherencia

Más allá del relato evangélico, el pregón estuvo marcado por constantes llamadas a la acción:

  • A no vivir una fe superficial

  • A no avergonzarse de ser cristiano

  • A comprometerse con los demás

  • A reconocer a Cristo en el prójimo

Isabel insistió en que la Semana Santa no debe quedarse en la tradición o la estética, sino convertirse en una vivencia real que transforme la vida diaria.

El recuerdo a los ausentes y la emoción compartida

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando la pregonera pidió un instante de silencio para recordar a los familiares, amigos y nazarenos que ya no están, pero que transmitieron el amor por la Semana Santa.

Un gesto que llenó el templo de recogimiento y que conectó profundamente con los asistentes.

El sepulcro vacío: la clave de todo

El pregón culminó con la mirada puesta en el Domingo de Resurrección, destacando que el sepulcro vacío no es ausencia, sino plenitud: la confirmación de que “el amor es más fuerte que el odio” y de que la muerte no tiene la última palabra.

En ese mensaje final, Isabel animó a los cofrades a no quedarse en las imágenes, sino a buscar al “Cristo que camina, que vive y que habla” en la vida cotidiana.

Una llamada final a la alegría y la fe

Entre aplausos y con la emoción a flor de piel, el pregón concluyó con una invitación directa a todos los presentes: “Nazarenos, nazarenas, alegraos. Cristo vive.”

Con este mensaje, Totana inicia su cuenta atrás definitiva hacia una Semana Santa que, un año más, combinará tradición, fe y cultura, pero que —como recordó la pregonera— solo alcanza su verdadero sentido cuando se vive desde el corazón y el compromiso.

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