Siempre me ha gustado esa canción del Dúo Dinámico por el redoble de tambor, por la luminosidad de lo que cuenta. Poco importa que ella tenga que irse al final del verano. Casi pienso que es mejor que se vaya, conveniente para que el recuerdo del enamoramiento juvenil quede impoluto. Así solo recordarán la irresponsabilidad, la playa, los azules, los primeros besos, el amor iluso…
En los artículos de estos dos meses he recordado los veranos de la infancia que sucedían en un espacio y en un tiempo que nos parecían enormes. Una vez, de niña, me preguntaron unos franceses que venían a veranear a Totana cuánto duraban las vacaciones escolares en España. Contesté que duraban un año, lo dije totalmente convencida. Ese era el largo verano de los niños, aunque solo nos llevaran un día a la playa y el resto de tardes calurosas nos conformáramos con remojarnos en el patio con la manguera. A pesar de estar convencida de que no todo tiempo pasado fue mejor, esos veranos fueron los mejores porque habitábamos el territorio maravilloso de la infancia.
¿Y ahora, cómo ha sido este verano de 2025? Miro alrededor y veo un paisaje inhóspito en el que hace demasiado calor y los montes arden. Es un milagro que nuestra sierra no arda. Ahora vivimos en otro mundo muy diferente a aquel que sucedió hace cincuenta años. Ahora el clima se va extremando porque nosotros, los homo sapiens, nos hemos dedicado a contaminar concienzudamente la tierra, el mar, el aire y el cambio climático es la consecuencia.
Me indigna que haya quienes nieguen lo evidente diciendo que siempre ha llovido fuerte, que siempre ha hecho calor, que siempre han ardido los montes, y que esos argumentos les sirvan para darse la vuelta y seguir a lo suyo. Ni siquiera sé qué es lo suyo: ¿quizás ser unos vencedores, nunca los perdedores (doctrina trumpista)? No lo sé. ¿Lo sabrán ellos?
Sí sé que los negacionistas son fanáticos empecinados. Niegan la evidencia y los estudios de los científicos diciendo que son falsos, que están manipulados. Lo que me lleva a pensar que los negacionistas creen saber más y mejor que los expertos en clima, en los océanos, en la calidad del aire, en la conservación de los bosques, en la salud de la gente que habita grandes ciudades, etc. Niegan el cambio climático porque a ellos no les interesa y prefieren mantenerse en su fe, en su ideología política. Una de sus consignas es nunca admitir un informe experto que vaya en contra de lo que dice su catecismo.
Ya veremos, si es que llegamos a verlo. Ahora mismo el negacionismo del cambio climático me parece una postura criminal que nos llevará al desastre. Mientras tanto, a ver cuántos veranos más podemos aguantar.
Dolores Lario