Denuncian la demolición "ilegal y clandestina" de la que fue la casa de balas de paja más antigua de la Península, en Sierra Espuña

Elías López Ros acusa a la junta directiva de la Asociación Los Jardines de Acuario de haber derribado sin asamblea, sin licencia municipal y sin consultar a los socios una construcción ecológica de 1998 que había albergado eventos con cientos de personas en el parque natural de Totana

Una edificación singular ha desaparecido del paraje de Santa Leocadia, en el parque natural de Sierra Espuña, dentro del término municipal de Totana. Se trataba de la Casa de la Paja, una construcción de balas de paja de unos 60 metros cuadrados levantada colectivamente en agosto de 1998 y considerada por quienes la conocían como una de las estructuras autoportantes de este tipo más antiguas de la Península Ibérica. Su demolición, llevada a cabo en las últimas semanas por miembros de la junta directiva de la Asociación Los Jardines de Acuario, ha desatado una denuncia pública por parte de Elías López Ros, socio cofundador de la entidad, quien acusa a los responsables de haber actuado de forma unilateral, clandestina y presuntamente ilegal.

Una construcción con 28 años de historia colectiva

La historia de la Casa de la Paja arranca en la Semana Santa de 1998, cuando en la finca Albaricoqueros de Sierra Espuña se organizó un curso de permacultura. Allí, una pareja de visitantes —ella catalana, él de origen francés— mostró fotografías de casas construidas con balas de paja. La reacción fue inmediata. Para la segunda quincena de agosto de ese mismo año, un grupo de personas había organizado ya un curso de 15 días para construir una casa con esa técnica, anunciado únicamente en la revista Integral y por boca a boca.

El resultado fue una construcción rectangular de 12 metros de largo por 5 de ancho y 3 de alto, con muros de 45 centímetros de espesor formados por balas de paja adquiridas a un agricultor local de Alhama de Murcia, evitando así el uso de madera y minimizando la huella ecológica. La técnica utilizada fue la llamada estilo Nebraska o autoportante, en la que las propias balas sostienen la estructura.

El proceso constructivo tuvo además una dimensión artística y lúdica poco habitual: por las mañanas, trabajo con las balas; por las tardes, sesiones de danza contemporánea, con una correspondencia simbólica entre las fases del cuerpo humano y las fases de la construcción. "La casa es nuestra segunda piel", recordó López Ros en su escrito.

Durante casi tres décadas, la Casa de la Paja fue escenario de numerosas actividades: encuentros de la Red de Permacultura del Sureste, el Encuentro de la Red Ibérica de Ecoaldeas con 600 asistentes y 90 talleres, varios encuentros de familias con más de 300 participantes cada uno, un encuentro chamánico con más de 100 mujeres y decenas de talleres de fin de semana. La construcción sobrevivió incluso a un incendio parcial ocurrido hace aproximadamente 20 años, cuando unos voluntarios israelíes acercaron demasiado una estufa a la pared. El daño, de apenas dos metros cuadrados, fue subsanado cortando la zona afectada con motosierra y rellenándola con ladrillos.

La demolición: sin asamblea, sin licencia y sin avisar

Según el relato de Elías López Ros, el derribo comenzó sin que se convocara ninguna reunión oficial de la asociación para tratar el asunto, lo que considera la primera de hasta 21 presuntas irregularidades que enumera en su escrito. El denunciante asegura que se enteró de lo que estaba ocurriendo a través de dos personas ajenas a la asociación, y que cuando alertó a la junta directiva, esta continuó con los trabajos ignorando sus protestas.

Ros acusa al presidente de haber alegado falsamente que él no tenía tiempo para reuniones, a la secretaria de afirmar que la casa "era temporal" cuando se construyó —algo que el denunciante niega categóricamente— y al tesorero de calificarla de "ruina" sin aportar ningún informe técnico que lo avale.

Entre las presuntas irregularidades que detalla el escrito destacan las siguientes: no haberse celebrado ninguna asamblea oficial de la asociación en todo 2025 —cuando los estatutos exigen al menos una anual—; no haberse renovado los cargos de la junta directiva; haberse iniciado el desmonte antes de incluirlo siquiera como punto del orden del día en ninguna reunión; y haberse ejecutado los trabajos sin licencia municipal de demolición del Ayuntamiento de Totana. López Ros señala además que en abril la propia secretaria había programado realizar una actividad en ese espacio, lo que hace aún más inexplicable la decisión de demolerlo semanas después.

A todo ello se añade la falta de transparencia económica: el denunciante pregunta con qué dinero se ha pagado la demolición, quién autorizó el gasto y si existe algún presupuesto previo, sin haber obtenido respuesta. Asegura que las cuentas de la asociación llevan al menos tres o cuatro años sin presentarse a los socios.

López Ros denuncia también que el presidente lo eliminó del grupo de WhatsApp de la asociación sin previo aviso ni explicación, pese a ser socio con pleno derecho.

Una propuesta de restauración que fue ignorada

Uno de los aspectos más controvertidos de la denuncia es que existía una alternativa concreta a la demolición que nunca fue considerada. López Ros asegura que presentó una propuesta para restaurar la casa durante varios fines de semana, contando ya con un grupo de personas disponibles, una aportación económica privada para la compra de materiales y el respaldo de arquitectos de la zona y de la Red de Balas de Paja a nivel nacional para asesorar el proceso. La junta directiva, según afirma, ignoró completamente esta oferta y continuó con el derribo.

El denunciante argumenta además que desde el punto de vista práctico, restaurar habría sido más sencillo y económico que demoler: los trabajos de desmonte han generado residuos, requirieron mano de obra y tiempo, y han dejado la zona con paja suelta sobre el terreno forestal.

Riesgo de incendio en pleno parque natural

Este último punto constituye otra de las denuncias más graves del escrito. López Ros alerta de que la paja seca acumulada tras el derribo representa un serio peligro de incendio en pleno parque natural de Sierra Espuña, especialmente en las semanas previas al verano. El denunciante señala que los restos no han sido retirados del lugar y que esta situación podría constituir una infracción medioambiental.

Una pérdida "irreversible" para el patrimonio ecológico

Más allá de las irregularidades procedimentales, López Ros subraya el valor histórico y simbólico de lo que se ha perdido. "Era la casa de balas de paja más antigua de la Península", recuerda. "Una casa collage, del amor de miles de personas. Una pérdida para esta sierra y para el municipio de Totana."

El socio cofundador pide la dimisión inmediata de los tres miembros de la junta directiva y anima a quienes compartan su indignación a contactar con el presidente de la asociación. Su escrito, fechado el 13 de junio de 2026 y firmado con su nombre y teléfono, concluye con una petición: "Que nunca vuelva a repetirse."

Noticias de Totana

El orden del día incluye además cinco expedientes de compatibilidad de empleados públicos municipales

Y los jóvenes triatletas murcianos compiten en el campeonato de España de triatlón cadete, juvenil y junior