Juan Cánovas Mulero en una foto de archivo / Totana.com

De mis 33.358 hijos, el predilecto

Artículo de opinión de Pedro Abellaneda

Querido Juan:

Por fin ha llegado el gran día. Nuestro teatro Ginés Rosa ya está emperifollado y sus escaleras sueñan que están en la calle Melancolía de Sabina con el deseo de que ésta sea una de las futuras quinientas noches más bonitas de tu vida.

Y paso a presentarme como hacíamos en el "Un, dos, tres": cumplo cuatro mil años de historia, vivo en el sureste de España, soy hija única de La Bastida y madre de 33.358 ciudadanos. Uno de ellos eres tú.

Una madre nunca debe mostrar especial predilección por ninguno de sus hijos. Por lo tanto, no me preguntes a cuál quiero más, porque todos viven bajo mi escudo y al cobijo de ese abrazo que forman Sierra Espuña por arriba y el Mediterráneo por abajo.

Pero ahora, Juan, voy a permitirme una pequeña licencia maternal. Quiero confesarte algo que normalmente me callo.

Hay personas que pasan por una ciudad y solo ven casas y hay otras que, sin hacer demasiado ruido, terminan formando parte de ella, consiguiendo que todos sus vecinos tengan una mejor historia que contar. Tú eres de los segundos. Durante años has dedicado tiempo, talento y sensibilidad a observar, comprender y contar las cosas de nuestra ciudad: a contar mis cosas.

Has sabido encontrar historias donde otros solo veían costumbres; recuerdos donde otros apenas veían pasado; y palabras para expresar sentimientos que muchos llevábamos dentro sin saber cómo sacarlos.

Has archivado lo memorable, cuidado nuestro legado con alumnos y vecinos, y divulgado la crónica de tu ciudad con una pericia de autor.

Y aquí, Juan, es donde vuelve a la memoria la canción de Sabina "Calle Melancolía".

Porque también yo tengo mis calles melancólicas. Calles que guardan voces, esquinas que esconden recuerdos, casas que conocieron otras vidas y rincones por los que todavía parece caminar nuestra historia.

Durante siglos he guardado todo eso dentro de mí. He visto pasar generaciones, he cambiado de aspecto, he levantado edificios y he despedido a quienes ya no están. Pero hay algo que no siempre he sabido hacer: contarme a mí misma.

Y ahí es donde entras tú.

Tú, que has recorrido mis calles no solo en el coche de san Fernando, sino también con la mirada curiosa de quien sabe que detrás de cada puerta puede esconderse una historia; que detrás de cada nombre puede haber una vida; y que detrás de cada recuerdo puede latir una parte de lo que somos.

Porque, Juan, una ciudad no necesita únicamente que la paseen. Requiere que la comprendan. No basta con habitar sus calles: hay que saber escuchar lo que cuentan.

Y tú tienes ese don: Has conseguido que algunas de mis viejas calles dejen de ser simples calles para convertirse en páginas de nuestra historia. Que muchos de mis vecinos descubran que viven en una ciudad mucho más rica, más interesante y más digna de orgullo de lo que imaginaban.

Quizá por eso es momento de reconocer una deuda contigo, y he decidido saldarla sin más demora: te agradezco que hayas contribuido a que nos conozcamos un poco mejor y a que nos sintamos más orgullosos, si cabe, de lo que somos como pueblo.

Y hay algo especialmente hermoso en tu trabajo: que, mientras otros buscan historias lejos de aquí, tú has sabido encontrar buena parte de ellas jugando como local. En nuestra casa. En Totana.

Por eso cuando, esta noche del 23 de octubre de 2026, te voy a reconocer como mi "Hijo Predilecto", no estoy premiando únicamente tu trayectoria. Estoy reconociendo a alguien que ha dedicado una parte importante de su vida a explicarles a mis propios hijos quiénes son, de dónde vienen y por qué merece la pena sentirse orgullosos de pertenecer a esta tierra.

Y ahora, Juan, déjame que vuelva por un momento a mi condición de madre.

Siempre he dicho que todos mis hijos son iguales. Y lo seguiré diciendo, porque todos merecen mi amor y mi protección.

Pero hay días en los que una madre necesita hacer una excepción. Días en los que el corazón se le adelanta al protocolo y las palabras terminan diciendo lo que normalmente se calla.

Hoy es el día: Juan, me siento muy orgullosa de ti. Con tu trabajo haces que mi memoria como ciudad no se pierda por los laberintos del cruel olvido.

Gracias por lo que has escrito, gracias por lo que nos has enseñado y, sobre todo, gracias por haber contribuido a que tu ciudad sea también un poco más la casa de todos.

Y a partir de la próxima semana, cuando vuelvas a pasear por esas calles que tanto quieres y cuentas, recuerda que no caminas solo por sus aceras: caminas también por las páginas que tú mismo has ayudado a escribir.

Y desde ya, con todo el orgullo de una madre que reconoce públicamente a uno de sus hijos, puedo decirte:

Ciudadano Juan Cánovas Mulero, de esos 33.358 que tengo, a partir de ahora no serás uno más porque pasas a ser el Hijo Predilecto de Totana.

Con todo mi afecto y gratitud, recibe mi más cordial enhorabuena.

Tu ciudad que te quiere: Totana.

RECONOCIMIENTO INSTITUCIONAL Y EMOCIONAL AL CIUDADANO JUAN CÁNOVAS MULERO.

"Vivo en el número 7 calle Melancolía, quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría…"

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