Emoción, historia y fe en la inauguración de la nueva sede de la Hermandad de la Negación y Exaltación de la Cruz

En un ambiente profundamente emotivo y cargado de simbolismo, la Hermandad de la Negación y Exaltación de la Cruz de Totana inauguró y bendijo en la tarde de hoy sábado su nueva sede. El acto reunió a numerosos hermanos, autoridades locales, representantes del Cabildo Superior de Procesiones y vecinos que no quisieron perderse este histórico momento.

El evento se celebró en la nueva sede de la hermandad, ubicada en la calle Soledad Perellón Almagro 23, y comenzó con las palabras de María Eulalia Cayuela, secretaria de la hermandad. Su intervención fue, sin duda, uno de los momentos más intensos. La emoción la embargó en varias ocasiones al recordar a su padre, Rafael Cayuela, quien fuera presidente de la hermandad y recientemente fallecido. Con la voz entrecortada, expresó el orgullo de ver realizado el sueño que él también compartió: “Esta sede es mucho más que un edificio, es un símbolo de unidad, de compromiso con nuestra tradición, y especialmente de amor por la Semana Santa”, afirmó entre aplausos.

Durante su intervención, Cayuela hizo un recorrido por los difíciles comienzos del proyecto, iniciado en 2019 y que se vio obligado a detenerse al año siguiente debido a la pandemia. También detalló las características del nuevo espacio, que cuenta con 160 metros cuadrados distribuidos en sótano, planta baja y altillo, concebidos para cubrir las múltiples necesidades de la hermandad: desde los ensayos de la banda de cornetas y tambores, hasta el resguardo del trono y los enseres procesionales, pasando por los espacios administrativos y de reunión de la Junta Directiva.

Como preludio al bloque musical del acto, sonó con solemnidad la bocina, marcando con su tono desgarrador el comienzo del acto. A continuación, la banda de cornetas y tambores de la hermandad, fundada en 1976, interpretó con emoción las marchas La Mora y Oh Bendita Estrella, arrancando el aplauso de los asistentes.

El acto continuó con la intervención del presidente de la hermandad, José María Carrión Tudela, quien recordó con cariño y gratitud a quienes marcaron el camino de la hermandad. Hizo mención especial a su padre, a Rafael Cayuela, Juan el Falla y Paco el Agras, destacando su legado de entrega y devoción. “Mi sentimiento por esta hermandad es de profundo amor y respeto. Es un honor ser parte de esta hermandad y me siento afortunado de haber podido contribuir a su crecimiento”, expresó con emoción.

Carrión Tudela también rindió homenaje a todas las juntas directivas que han pasado por la hermandad desde su refundación en 1941, así como a la actual, con la que ha trabajado intensamente para hacer posible esta nueva sede. Recordó que los orígenes de la hermandad se remontan al siglo XVIII, cuando formaba parte de la cofradía de la Sangre de Cristo, un dato que refleja la profunda tradición de esta institución en la Semana Santa totanera.

La presidenta del Ilustre Cabildo Superior de Procesiones, Adela Arnao, también intervino para felicitar a la hermandad por este gran logro. En un breve pero sentido discurso, destacó la importancia de mantener la fe como base de todas las acciones de las hermandades y el valor de la palabra “hermandad” en su sentido más profundo: fraternidad, unidad y servicio.

Cerró el turno institucional el alcalde de Totana, Juan Pagán, quien subrayó el valor del esfuerzo colectivo y el compromiso que caracteriza a las hermandades de la localidad. “Este proyecto comenzó en 2019 con mucha ilusión y se paralizó por lo que todos sabemos, pero hoy es una realidad. Este es el resultado del trabajo constante de todos vosotros. Me siento orgulloso, como alcalde, de ver cómo nuestra Semana Santa sigue creciendo año tras año gracias a vuestro esfuerzo”, señaló.

El acto culminó con la bendición solemne del párroco de la Iglesia de Santiago el Mayor, Francisco José Fernández, quien consagró el nuevo espacio para que sea lugar de fe, fraternidad y misión. En su homilía, leyó un pasaje de la Carta de San Pablo a los Filipenses y pidió a Dios que este nuevo hogar espiritual sea refugio, escuela de santidad y punto de partida para la acción cristiana en la comunidad.

Tras la bendición y el corte de cinta, los asistentes accedieron al interior de la nueva sede, donde pudieron contemplar de cerca los espacios que a partir de ahora darán vida a la hermandad. El acto finalizó con un vino español que sirvió como broche festivo y fraternal a una jornada inolvidable, marcada por la emoción, el recuerdo y la esperanza.

 

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